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La escritura y el aprendizaje de los idiomas

Laura Carbonell | 5/31/2015, 5:20 p.m.
La escritura y el aprendizaje de los idiomas
Desde que los doctores Manesca y Ollendorf crearon sus métodos infalibles para el aprendizaje de idiomas, antes de 1835, vemos como los métodos se multiplican y las modas se suceden sin pausa y sin tregua. Todo maestrillo de idiomas tiene su librillo, o “metodillo.” Hay una necesidad clara de aprender idiomas, desde los tiempos más remotos. |

Desde que los doctores Manesca y Ollendorf crearon sus métodos infalibles para el aprendizaje de idiomas, antes de 1835, vemos como los métodos se multiplican y las modas se suceden sin pausa y sin tregua. Todo maestrillo de idiomas tiene su librillo, o “metodillo.” Hay una necesidad clara de aprender idiomas, desde los tiempos más remotos.

Comunicar bien es el gran reto que tiene la humanidad.

Los idiomas son oralidad, voz viva, y por eso aprendemos las lenguas de viva voz. No hay otra manera de hacerlo cuando se es pequeño. Aquí no valen librillos, ni maestrillos ni métodos rápidos. La naturaleza y nuestro cerebro se encargan de hacerlo.

Más tarde ya tenemos que echar mano del segundo gran invento del hombre en cuestiones del lenguaje: la escritura, que es la representación de sonidos por medio de signos, sean éstos como sean. Por medio de la lectura aumentamos y expandimos el horizonte del idioma que ya no está relegado a la simple habla de nuestra familia o de nuestro entorno. Gracias a la lectura afianzamos y reforzamos nuestros conocimientos del idioma. Ya no estamos supeditados a oír, sino que tenemos acceso a todo tipo de lenguaje, a todo tipo de vocabulario, de giros, de maneras de expresarse.

Más tarde aparece el gran reto del lenguaje: la escritura. Escribir es un reto porque demuestra nuestros verdaderos conocimientos del idioma. Las palabras habladas se las lleva el viento. La palabra escrita, representada por medio de signos, se queda y permanece. En latín Verba volant, scripta manent, decían los romanos, y en castellano “las palabras vuelan y lo escrito permanece.”

El idioma se aprende de viva voz; se afianza con la lectura, y se demuestra en la escritura.

Ya he dicho que a fin de cuentas la escritura es simplemente la representación del idioma, no el idioma, pero está tan arraigada en la cultura de la humanidad, es tan importante, que hasta esa representación influye mucho en el idioma, y hasta lo cambia.

Ya sabemos que desde que se inventó la escritura, que es cuando comienza la historia, la humanidad no ha parado de escribir. Escribir es algo que gusta mucho al ser humano que lo hace por medio de cartas, libros, periódicos, hasta en las paredes, con grafiti. Ya sabemos que la gente, en especial los jóvenes, emplean los teléfonos inteligentes para enviar mensajes de texto más que para hablar. Y no es raro ver a gente joven por la calle escribiendo en sus teléfonos con sus pulgares, a gran velocidad.

Aprendemos idiomas de veras, tanto el nuestro como los foráneos, cuando nos dedicamos a la siempre placentera tarea de transmitir nuestro pensamiento por escrito. Debemos poner orden en nuestras ideas y presentarlas de manera que se nos entienda a la primera lectura. Tenemos que escoger nuestro vocabulario adecuadamente para evitar confusiones. La ortografía demuestra qué tipo de cultura poseemos y si escribimos “haber si me pagas” por “a ver si me pagas” quedará claro que debemos leer más. Hasta la puntuación es importante. Una coma mal puesta cambia una frase: “Y gritando que no, la mató, cogió el sombrero y se fue.” Sin coma tenemos: “Y gritando que no la mató, cogió el sombrero y se fue.”

Tanto nuestro idioma como uno extranjero, deberíamos siempre practicarlo en voz alta, tratando de enunciar bien. Deberíamos leerlo a diario y aumentar nuestro vocabulario. Y para dominarlo bien, es imperativo que lo escribamos.

Hablar, leer y escribir es la divisa de todo buen estudiante de idiomas.